Muy buenas noches, damas y caballeros.
Desde la butaca 5G de este flamante y muy nuevo A350, hoy somos compañeros de vuelo como pasajeros.

La noche es cerrada y en mi copa de vino no se mueve el líquido. Así da gusto volar, en hora y sin turbulencias. Todo el mundo a mi alrededor duerme, pero el cambio horario me ha despertado hace unos minutos.
He de pedirles disculpas porque de unos meses a esta parte no he estado muy pródigo en mis textos, he escrito poco y muy separado en el tiempo. Ahora mismo regresamos desde Buenos Aires donde hemos acabado un precioso viaje que ha durado unos 10 días, y estas vacaciones las necesitaba.
No es una forma de hablar, efectivamente las necesitaba. Ya llevaba unos meses notando un fenómeno, de manera intermitente al principio pero más acusado según se acercaba la fecha del inicio de las vacaciones, que en aviación tiene connotaciones diferentes a las de la vida normal: estaba sufriendo fatiga.
Según OACI en su Manual de Medicina Aeronáutica la Fatiga es un “estado fisiológico que se caracteriza por una reducción de la capacidad de desempeño mental sueño o a períodos prolongados de vigilia, fase circadiana, o volumen de trabajo (actividad mental y/o física) y que puede menoscabar el estado de alerta de un miembro de la tripulación y su habilidad para operar con seguridad una aeronave o realizar sus funciones relacionadas con la seguridad operacional.” (OACI, 2012)
Ejemplos de sus efectos en mis capacidades últimamente podrían ser el olvido de cosas personales como unas gafas de sol en el avión, las llaves del coche, o ropa interior para un vuelo, a pesar de lo profesionales que llegamos a ser en hacer maletas. Confundir fechas o compromisos personales de la agenda familiar, mayor irascibilidad, menos tolerancia a noticias adversas, etc.

La fatiga se lleva estudiando desde hace muchos años y hay innumerables estudios sobre su afección y manejo por parte de los afectados y las empresas para las que trabajan. Plataformas petrolíferas, empleados de la industria aeronáutica, astronautas, médicos, personal que trabaja por turnos en general, militares, son claros ejemplos donde la fatiga juega un papel importante a la hora de evitarla.
Existen programas dentro de cada industria para evitarla y controlarla, y donde básicamente hay dos formas de combatirla: por un lado está la labor individual de los afectados a la hora de controlar su descanso, su sueño, su salud física y mental en general, la alimentación y el deporte.
Y por otro lado está la función que los estamentos oficiales y las empresas, que han de implementar la forma de organizar el funcionamiento interno, buscando evitar la fatiga en sus empleados, ya que sus consecuencias son muy caras tanto en términos humanos como económicos.
En el caso de la aviación, idílicamente se busca que evitar la fatiga esté dentro de la política de la empresa a la hora de programar los vuelos a sus tripulantes y los turnos de los empleados de tierra. Los tiempos de descanso y los lugares de descanso en el trabajo son muy importantes. Obviamente existe una legislación internacional y nacional que regula según unos parámetros que la industria da como buenos o justos, aunque también es cierto que las empresas siempre desearán que esos límites sean inferiores para así hacer a sus empleados más productivos.
El equilibro entre los límites legales y lo que la empresa quiera añadir en forma de calidad de vida y de cuidado de la salud de sus empleados, es una situación que está en constante movimiento dado que las demandas de servicio y productividad cambian a lo largo del año, haciendo que tengamos meses de máxima actividad y otros en los que sin volar también tenemos actividad laboral en tierra en forma de cursos de formación y/o refresco.
Lo cierto es que desde hace unos meses me he encontrado con que, sin llegar a ser una situación descontrolada, pero sin darme cuenta al principio, poco a poco me he ido fatigando y al llegar este período de vacaciones he sentido como que los primeros días estaba muy cansado y dormía muchas más horas de lo normal.
Estar alerta ante su presencia es algo que siempre tenemos en cuenta, pero el que la actividad sea intermitente complica un poco la identificación de su presencia en nuestros organismos, aunque inevitablemente llega un día en que somos conscientes de que algo no va del todo bien y hay que parar y reportarlo. Por suerte yo tenía estas vacaciones ya preparadas y han sido muy oportunas.
Ahora ya de regreso me encuentro mucho más fresco mentalmente y con ganas de volver a volar. Cómo de cansado estaba, que en estas dos semanas no he echado de menos el volar, estaba entretenido en descansar y desconectar del corre corre que supone esta vida.

Algunos pasajeros se levantan al lavabo o a pedir algo al galley, la noche sigue siendo muy oscura y se agradece esta paz a bordo.
Tras aterrizar en Madrid ayer ya han pasado 24 horas y estamos de nuevo de regreso a Buenos Aires. De nuevo volando, en cabina, sentado aquí y disfrutando de estas magníficas vistas del Atlántico. Me siento despejado, con la mente muy fresca y descansada. Esta sensación es la razón, la justificación de la desconexión necesaria a la que he estado expuesto estas semanas atrás. Se siente muy bien y como valor añadido estoy disfrutando mucho de volar, de la operación, de acercarme al avión y tocarlo con las manos, del despegue, del olor a combustible, de la camaradería con los compañeros, etc.

Hace unos días he leído que hemos nombrado uno de nuestros aviones en honor a la primera mujer piloto que se soltó de comandante en España. Leyendo sus palabras y viendo sus ojos al sentarse de nuevo en la cabina de aquel avión noté que el “gusanillo” de la aviación no lo ha perdido a pesar de los años que han pasado y eso me trae a la pregunta que me hago desde hace un tiempo ¿qué pasará conmigo cuando cuelgue estas alas?

No lo sé aún.
No nos dejan ascender a nivel 370 porque hay un tráfico muy cerca, así que aprovechando que vamos más rápidos que ellos intentaremos que nos dejen subir dentro de un rato. Desde aquí veo su estela y es hipnotizante. Me siento cómodo y mi cuerpo está a gusto sintiendo al avión de esta manera tan íntima, a pesar de llevar sin volar más de 15 días.
Qué suerte tenemos tanto ustedes como nosotros.
Muchas gracias por usar nuestras alas, y espero volver a verles de nuevo a bordo.


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