Muy buenas noches señores pasajeros.
Es sábado por la noche. En la costa Este de toda América están ya cenando y preparándose para salir de fiesta.
Nosotros despegamos de Río hace un par de horas y ya nos acercamos a Salvador de Bahía manteniendo nuestro primer nivel de crucero de unos 10 kms y medio sobre el nivel del mar y una velocidad de casi 890 kms/h. No está nada mal.
Todo esto, mientras disfrutamos de un plácido ambiente de 24º C y una humedad relativa cómoda a una altitud de cabina de 1720 mts. Ciertamente un lugar adecuado para estar durante horas mientras nos transportamos de un lugar a otro tan alejados entre sí.
Lo cierto es que, entre otros factores importantes, nada de esto sería posible sin la existencia de esas dos moles que bajo las alas nos empujan por el aire. Estos motores en concreto son dos General Electric CF6-80E1. Un nombre raro, pero es el que han dado por ponerle a estas turbinas de gran tamaño. Cada una de ellas puede dar una potencia de hasta 72000 libras de empuje, que es la unidad de medida de potencia en los motores de reacción, y que trasladado a caballos de potencia nos da una cifra desorbitante de miles de CV.
La magia de los motores de reacción de hoy en día es su extrema simpleza de funcionamiento, su alto rendimiento y economía, unido a su bajo porcentaje de paradas en vuelo comparado con las horas voladas ( menos de 0.01 paradas por cada 1000 horas de vuelo ). Son tan especiales, que los fabricantes de aviones diseñan sus maquinas teniendo en cuenta qué motores van a llevar y,en gran medida, se ponen de acuerdo con los fabricantes de motores para poder ofrecer al cliente final un mismo avión con varias opciones de motorización.
La compra de un avión por parte de las compañías aéreas no es una decisión que se tome a la ligera, y lleva mucho estudio. Se tienen en cuenta muchos parámetros y cuando finalmente la decisión es tomada, la compra se hace en dos fases: primero se compra el avión y por otro lado los motores. Sea compra o leasing, se hace por separado y eso da una idea del valor monetario que tienen estos aparatos ( varios millones de dólares cada motor ).
A razón de estos intereses económicos está un aspecto en el que nosotros, los pilotos, tenemos mucho que ver, y es la manera en que los tratamos. Estos motores tienen unas potencias altísimas, y en el día a día es nuestro deber cuidarlos, no solo como medida económica y de ahorro para nuestro empleador, sino como medida protectora de esos motores de los que dependemos tanto una vez en vuelo. Los pilotos somos los primeros interesados en reducir el desgaste de estos motores para evitar la tan temida parada en vuelo.
El porcentaje se mide en paradas por miles de horas voladas, y es muy muy bajo en estos motores. Aún así, cuidándolos nos protegemos de entrar en ese porcentaje.
¿De qué manera los cuidamos? Son muchos las acciones que tomamos a cabo para mimarlos. Para empezar evitamos hacerles alcanzar temperaturas máximas exigiéndoles potencias altas cuando no es necesario. Por ejemplo: para cada despegue calculamos la potencia que necesitamos para no usar más de la justa. En el primer ascenso, después del despegue, ustedes notarán cómo quitamos potencia a los motores, y es que, a pesar de esa reducción, el avión sube rápidamente y acelera su velocidad a la vez y no hay necesidad de ir con toda la potencia. Cierto es que tardar más en ascender a nivel de crucero llevando una potencia inferior supone un gasto extra de combustible, pero aún así compensa sobre los costos de mantenimiento del motor una vez que éste va a los hangares. Igualmente al aterrizar muchas veces no aplicamos la máxima potencia de la reversa cuando las condiciones del aterrizaje no lo necesita.
En el fondo, se trata de encontrar ese equilibrio entre la economía y la eficacia de la operación sin nunca menoscabar los niveles de seguridad.
Así que hoy despegamos con unas 221 toneladas y no hizo falta aplicar el 100% de la potencia, solo con un 99,3% fue suficiente. Como ven es poca la diferencia, pero hay que tener en cuenta que son muchos los despegues que hace un motor y alcanza temperaturas superiores a los 850º C, y todo lo que hagamos por cuidarlos repercute en nuestra seguridad, y por supuesto la suya.
Ya se ve en el horizonte las luces de Mossoro, ya tan solo queda cruzar el Atlántico y llegar a casa.
Una vez más muchas gracias, disfruten del resto del vuelo y descansen.
Hasta la próxima.


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