Muy buenas tardes señores pasajeros.
De nuevo sobre el oscuro y azul océano nos encontramos de camino a Madrid.
Ya hemos cruzado la parte más ancha de los Andes donde hay algunas elevaciones de grandes dimensiones. Ciudades desconocidas para mí, donde viven millones de personas que ahora muy posiblemente descansan. Había algunos focos tormentosos y alguna gran tormenta de las que alcanzan las capas más altas de la atmósfera que nos dejaron unas vistas impresionantes del espectáculo de luces que son las tormentas eléctricas de noche.
Parece que se ilumina toda la nube de arriba a abajo y, sin oír el trueno, podemos casi sentir la inmensa fuerza y poder de la naturaleza mientras riega los afluentes del Amazonas y las tierras venezolanas.
Es algo difícil de describir cómo siendo la tormenta un “ente” de una fuerza y potencia increíbles, cuando volamos cerca de ella se la ve delicada y como una gran montaña de algodón. Ver la punta del ala cerca de los bordes de estas torres es algo que siempre sorprende por la diferencia de densidades entre el vapor del agua y el aluminio, y a los ojos es una escena delicada y suave. El vuelo entre estas nubes, cuando no hay turbulencia alguna, es algo maravilloso, y a veces es la única opción para poder atravesar la zona de nubes.
El despegue es un acto de fuerza bruta controlada, ya que aplicamos potencia y solo hay que esperar que la aerodinámica haga su magia. Pero el momento de mover el mando de control de vuelo y “mandar” que suba, que despegue y vuele,es algo delicado. Uno de mis instructores hace años me dijo al enfrentarme al primer despegue real en un reactor: “muévelo como si fueras a levantar a un bebe de la cuna.”
Y así es, el avión (sea del tamaño que sea) es una joya de la ingeniería aeronáutica que a nosotros los pilotos, nos da unas inmensas satisfacciones y placeres. Alguna vez les he hablado sobre lo anormal que es nuestra normalidad cruzando océanos, llevando sueños, amores e historias de un lado a otro del planeta en breves horas. Disfrutando de los amaneceres más bonitos que la vista del hombre pueda percibir.
Es por eso que cuando veo acciones de maltrato o agravio hacia cualquier avión siento un poco de dolor como si se lo hicieran a un amigo cercano. Ayer mismo en nuestro vuelo hacia Bogotá, cambiamos el alternativo de destino a Cali ya que el optimo, Medellín, no podríamos usarlo porque estaban limpiado de la pista los daños causados por el aterrizaje de emergencia de un A320.
La razón por la que este avión aterrizó con la rueda de morro completamente cruzada es una consecuencia de un mal hacer de alguna persona que no realizó bien su trabajo y la rueda de morro reacciona de esa manera ante tal falla. Realmente no pasa nada grave, ya que el avión aterriza sobre la rueda lo más tarde posible (técnica de vuelo) retrasando su destrucción total, y dada la fuerte fricción con el asfalto resulta que, hasta la llanta del neumático se lima. El arreglo es costoso pero no es algo que deje a la aeronave inservible.
Todo esto denota una falta de cariño y delicadeza hacia la máquina, que puede ser una actitud vital o las prisas o cualquier otra causa, pero el resultado es el mismo. Este “cariño” que tengo por los aviones viene de mi experiencia aeronáutica, tantos años en este mundo, las enseñanzas de mis maestros y compañeros y en especial de uno de ellos.
Cuando hoy en día veo a un compañero actuando los interruptores de cabina se qué nivel de cuidado se toma en esto de volar. Una persona que actúa el interruptor de las luces, por ejemplo, de una manera normal y con indiferencia, es muy distinta de quien lo mueve un poquito más suave y agarrándolo con varios dedos. Son detalles, que solo el ojo observador es capaz de ver y tomar como referencia para saber algo más de la persona que tiene a su lado.
Recuerdo con mucha viveza el cómo los Mecánicos de Vuelo movían los interruptores, las palancas de gases, las igniciones, los manerales, la llave del oxígeno del viejo B727, en aquellos años de mi vida en corto radio. Recuerdo el cómo mi padre movía el selector de las baterías del A300 para ver su voltaje, el interruptor del Ground Interconnect antes del despegue en el 727, la tobita a los instrumentos cuya aguja quedaba atascada a veces, etc. Muchos detalles que marcan algunas diferencias.
Y aquí seguimos ya sobre espacio aéreo de Paramaribo comenzando el largo cruce del Atlántico. El avión está funcionando perfectamente, y aunque no llevamos a un OTV a bordo, la sensación de seguridad es la misma. Estos Rolls Royce son dos joyas y nos hacen muy felices por su potencia y excelente eficacia.
Volamos a 0.85% de la velocidad del sonido y el avión casi ni se mueve. En la oscuridad de la noche no hay turbulencias, ni la Luna ha amanecido, ustedes están a punto de comenzar a descansar y nosotros ya tenemos la entrada en el cruce lista. Las autorizaciones recibidas, las frecuencias apuntadas y creo que vamos a cenar algo ahora que parece que hay un poco de tranquilidad en la radio.
Madrid nos espera con una mañana algo gris y una temperatura de unos 7 grados. El viento reinante parece ser que será del sur, así que en la fase final es posible que tengamos algo de turbulencia por la orografía de la sierra de Guadarrama. Llegaremos antes de hora y ahorrando bastante combustible, el viento en cola nos ayuda mucho esta noche.
Una vez más muchas gracias por usar nuestras alas, espero descansen y disfruten del resto del trayecto y ¡hasta nuestro próximo vuelo…!


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