Muy buenas noches, damas y caballeros,
Casi 12 kilómetros nos separan del frío y oscuro océano Atlántico y aquí vamos en este flamante, y prácticamente nuevo, A350 de camino a Madrid.
Atrás acabamos de dejar la zona tormentosa que nos habían avisado antes de despegar y que se encontraba entre San Andrés y Cuba, y ahora ya solo nos queda cruzar el chorro que estará en las inmediaciones del meridiano 40 oeste, en aproximadamente una hora y media a partir de ahora, para dejar atrás las zonas de turbulencia reportada de nuestro plan de vuelo.
Esto de la meteorología es una ciencia de adivinación y observación constante del entorno que nos conduce siempre a un estado de alerta a lo largo de toda la operación del vuelo. Una vez superemos esa área, aparentemente y según nuestros mapas e información, debería ser un vuelo muy tranquilo hasta el destino, una noche calmada.

330 pasajeros y toda la tripulación a bordo de este fabuloso pájaro metálico, volando a casi 1100 km/h hacia la oscuridad. Ahí delante no se ve nada, todo es oscuro y a priori sin saber mucho sobre esto, pareciera que vamos hacia un destino incierto. Pero, a pesar de estas aparentes incógnitas, sabemos hacia donde vamos y está todo bajo control.
Ya tenemos la autorización para a cruzar el Atlántico recibida desde el control de New York, con mucho viento en cola llegaremos a Madrid casi 1/2 hora antes de lo programado. En Costa Rica dicen mucho aquello de “Pura Vida”, que a ellos les sirve casi para todo, un saludo, un mensaje de buena voluntad, una confirmación, una forma de vida.
Así que Pura Vida.

El alma del navegante está llena de preguntas e incógnitas que en la mayor parte de las ocasiones no le causan desasosiego, porque la seguridad que le aportan sus herramientas para gestionar la travesía le dan una tranquilidad y calma en la que enfrentarse al reto forma parte de una anormalidad muy normal para los de su clase.
Pero, a veces, la vida nos enfrenta a momentos y escenarios que no son tan fáciles de gestionar, porque o no estamos acostumbrados a la rareza de su vivencia o porque son muy esporádicos y especiales.
Es momento de ascender mil pies para ir optimizando el consumo de combustible, el ahorro, y reducir los gases que emitimos. El controlador nos autoriza, pero con la condición de que sea antes de las 03:55, así que vamos a subir ya para cumplir con la restricción.
Hoy es una de esas noches en las que me enfrento a una de esas incógnitas. Ahora mismo no sé si al llegar a Madrid voy a ser abuelo de nuevo o no. Mi hija está a punto de dar a luz a una niña.
Releer esta última frase me emociona, de nuevo voy a ser abuelo. Una niña, un nuevo ser humano se acerca a nuestras vidas, y qué suerte tengo de estar ahí, aunque ahora mismo no sé si estaré o no, si todo irá bien, si el parto saldrá bien, si no habrá algún problema sobrevenido, etc. No tengo control en absoluto de la situación.
Yo, que me paso la vida controlando a esta maravillosa máquina que nos lleva a Madrid, en los buenos y en los malos momentos, en los amaneceres y en los días grises, yo hoy no tengo capacidad de nada más que ser un simple pasajero de la vida. Hoy, estos días, en las próximas horas la tripulación la lidera mi hija, su marido y el equipo médico del hospital.
Cuántos nervios, dudas y ganas de que todo pase ya. Me siento un poco como aquellos de ustedes que no agradecen las turbulencias, de los que sufren en el despegue o en los aterrizajes. Me siento un poco como esos pasajeros que no disfrutan del viaje porque no tienen el control. Los comprendo perfectamente.
Como bien saben, estas reflexiones que les comparto a bordo de nuestros viajes, las hago con la finalidad de que ustedes vean todas las facetas de esta profesión, en la que no todo son números, vuelos, tecnicismos y meteorología. Pero somos humanos y vivimos las mismas vicisitudes que el resto. Cierto es que las vivimos con el privilegio de verlas desde una óptica diferente y con una luz muy especial, pero la vida, y algunos momentos de incertidumbre, miedo y algunas dudas, nos iguala a todos.

Acabamos de cruzarnos con un avión que iba dos mil pies bajo nosotros y nos cruzaba en diagonal de izquierda a derecha, cuando ya comienza a aparecer esa tenue línea ocre en el horizonte que nos avisa de que el sol saldrá a visitarnos en breve. Aún nos faltan unos pocos días para que celebremos el nacimiento de un niño en Belén, y en casa también celebraremos el nacimiento de una niña en España.
Seguimos volviendo a casa por Navidad.
Esperamos volver a verlos de nuevo a bordo.
Muchas gracias una vez más por acompañarnos en este vuelo, de nuevo en nuestras alas.
Feliz Navidad.


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