Muy buenas noches, noches damas y caballeros,
Ya hemos aterrizado en este nuevo inicio de año, Bienvenidos a 2025.
Aunque realmente aquí estamos en el asiento 1G de un flamante A330 de camino a Madrid tras disfrutar de un vuelo algo tormentoso hace tan solo 48 horas de camino a Montevideo.
Como saben, a lo largo del año tenemos períodos laborales en los que no tenemos programados vuelos, sino que estamos a expensas de que el gestor nos llame por teléfono y nos diga qué vuelo tenemos con un aviso muy corto de una hora. Obviamente hemos de estar listos para salir corriendo al aeropuerto porque, casi seguramente, hay un nutrido número de pasajeros esperando a que yo llegue para comenzar su viaje.
La noche pasada el avión asignado a un vuelo estaba siendo tratado por los compañeros de mantenimiento y esperaban tenerlo listo a una hora que permitiera completar el vuelo, pero desgraciadamente la cosa se les complicó y no fue así. Tan retrasado iba que la única manera de poder completar el vuelo con el menor coste económico y humano posible era añadir a un piloto más a la tripulación, para así evitar que los que ya estaban en el aeropuerto desde las 10 de la noche alcanzaran el límite legal de actividad laboral permitida.
Me llamaron a las 03:30 de la madrugada y finalmente pudimos despegar a las 5 de la mañana a nuestro destino. Un vuelo muy agradable y tranquilo con las típicas turbulencias en el norte de Brasil y algo también sobre el área de control de Senegal. Pero en general un vuelo normal que iba muy retrasado llegando a las 2 de la tarde.
Llegamos a destino y mi maleta no llegó porque nunca la embarcaron en Madrid, y esto lo crean o no también nos pasa a los tripulantes. Me bajé del avión y fui en taxi rápidamente a comprar algo de ropa y artículos de higiene personal ya que los negocios el 31 de diciembre cerraban a las 3 y esa noche teníamos cena y fiesta en el hotel.
Llegué al hotel y conseguí descansar unas horas antes de bajar al lobby y tomarme las uvas con los compañeros y las campanadas de la Puerta del Sol de Madrid. Momento emotivo ya que en la compañía de ellos, también sentía la soledad y lejanía de los míos. Pero forma parte de esta profesión y es algo que tenemos asumido a pesar de los años.
Atrás quedan las turbulencias de 2024, las puestas de Sol más increíbles que nuestros ojos puedan disfrutar, las largas horas de crucero y los miles de pasajeros que han compartido nuestras alas lo largo de tantos cruces del Atlántico.
Comienza el año 25 y aunque parezca un año más en el fondo no lo es, dado que se trata de un nuevo cuarto de siglo, nada baladí. Es un año nuevo que nos abre las puertas a nuevas aventuras, nuevos vuelos y nuevos proyectos. ¿Será este el año en que comencemos a realizar cambios importantes en el rumbo de nuestros vuelos?
Quizás aquellos de ustedes que padecen de aerofobia decidan coger el toro por los cuernos y apuntarse a algún curso para superar sus temores, quizás algunos de ustedes vean como otros toman rumbos dispares, y cambian de altitud, destino y hasta compañeros de vuelo que se separan mientras otros se unen a bordo de nuestras alas.
Comienzan otros 25 años para vivir y disfrutar de los vuelos. Pero de momento vamos paso a paso, vamos a por el 2025.
En el vuelo del otro día donde reinaba cierto caos por el retraso yo iba volando y formaba parte de la tripulación, porque era necesario por imperativo legal. Hoy ya de regreso todo va según planificado y ya no es necesaria mi incorporación al equipo que vuela hoy nuestras alas, así que yo hoy regreso como pasajero sentado en el butaca 1G como les decía antes y disfrutando de las instalaciones y viandas que normalmente están reservadas solo para ustedes.
Desde aquí todo se ve diferente, el despegue, las turbulencias, la voz y el mensaje del comandante, las acciones que sobre la seguridad tienen los TCP´s a bordo… Pero hay que verlo cosa que sé que muchos de ustedes no hacen normalmente al no tener el ojo entrenado para ello.
Llevamos 5 horas y media de vuelo y debemos estar en las inmediaciones de Fernando de Noronha y ya inmersos en la actividad que el frente intertropical genera. Por ahora no se mueve casi nada, y para prueba la copa de vino que tengo a mi lado, que está intacta.
Cuando yo comencé a volar esto era inimaginable para mí y aún así hoy en día me parece increíble, aquí vamos en mitad el “charco” escuchando música mientras escribo estas letras cómodamente sentado y a la vez chateando por el teléfono con mis amigos que están en España, recibiendo fotos de mis nietos y activando la calefacción de mi casa desde esta plataforma aérea que es el avión moviéndonos a casi 1000 km/h a unos 11 kms sobre el agua oscura del océano.
El final del 24 ha sido aeronáuticamente hablando, bastante desastroso por la concatenación de accidentes e incidentes muy seguidos. De ninguno de ellos hay aún un resultado de una investigación profesional y oficial pero llegará. Aunque algunas personas se empeñen en lo contrario, tan solo el ojo crítico y la experiencia en vuelo de miles de horas del piloto “de verdad”, puede llegar a sacar alguna conclusión rápida de algunas posibles causas sin tener muchos más datos que las imágenes que hay disponibles ahora mismo.
Como siempre les agradezco que estén usando estas nuestras alas una vez más, y en especial este año nuevo que comenzó anoche y en este vuelo en que yo tambien les acompaño como pasajero.
Gracias.


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