Muy buenas tardes, damas y caballeros, en esta tan maravillosa y soleada tarde de junio de camino a la preciosa isla de Puerto Rico.
Es uno de los destinos que más me gustan ya que es un vuelo corto, de unas 8 horas, donde nada más llegar tenemos una playa cerca del hotel y (casi siempre) hace muy bueno. Se come bien, sus gentes son amables y agradables y es muy verde y luminosa.

Por su “corta” duración tan solo vamos dos pilotos y en esta ocasión es mi compañero quien hará el el vuelo de ida. Esta mañana en Madrid era yo quien hacía la inspección prevuelo mientras ustedes abordaban el avión, y esto es algo que no hago muy a menudo dado que normalmente vamos tres pilotos en cabina y es misión del tercer piloto en esos casos. Caminando bajo este A330-300 me sorprendía a mí mismo de que a pesar de los años todavía me gusta y agrada deleitarme de la belleza del avión, sus curvas y su gran tamaño.
Al lado nuestro había aparcado un A321 XLR, que es un avión también de largo alcance, pero de inferior tamaño y, a pesar de lo nuevo que se le veía, no me atraía como para volarlo o cambiarlo por este nuestro 330.

Hace muchos años alguien me dijo que esto que hacemos de cruzarnos el Atlántico con total naturalizad y normalidad es un arte y algo mágico. Y lo es. Es mágico porque en tan solo unos 100 años de historia la aviación ha avanzado hasta este momento en que ustedes pueden, desde la comodidad de su casa, adquirir un billete para un medio de transporte que en solo una noche y un sueño, los pone al otro lado del océano con la comodidad que brindan los aviones modernos.
Enfrentarse a un lienzo en blanco, un pentagrama vacío, una pieza de mármol o unos folios por escribir sí que es arte. Aquí el arte está en la gestión de los tiempos, la cercanía con el pasajero cuando las cosas se complican, la correcta elección de las palabras en el clima entre la tripulación, en la puntualidad como marca identificativa, etc. Pero el volar no es un arte, es el resultado de mucha formación, inmensas cantidades de dinero invertidos en entrenamiento periódico, etc.
Volar tan solo es aprendizaje, técnica, mucho entrenamiento y estudio.
Aquí seguimos con ese implacable Sol en la vertical, iluminando todo mientras allá abajo solo vemos el azul del mar en calma. Hace un rato pasamos sobre la isla de Horta en el archipiélago de las Azores que normalmente está nublado pero hoy pudimos disfrutar de unas vistas estupendas de varias islas y su verde volcánico. Desde que abandonamos la península ibérica al sur de Oporto la radio ha estado tranquila y ya no nos cruzamos con casi ningún avión. Nos queda todavía cruzar el “charco” y en unas 6 horas comenzaremos el descenso hacia Culebra y finalmente volaremos sobre el Viejo San Juan dejando el puerto a nuestra derecha para enfilar la pista 10 en el aeropuerto.
Vamos a nivel 370 y, aunque despegamos con 50 toneladas de combustible, llegaremos allí con casi 10 de remanente que nos vendrán muy bien en caso de que se meta alguna tormenta que esperamos más tarde de nuestra llegada, pero nunca está de más por si las moscas.
No creo que ningún piloto se siente en un asiento como este y se sienta como Ravel, Bach o Rodrigo, compositores que de una manera u otra cada vez que interpretaban sus obras lo hacían siguiendo una misma sintonía. Imagino que en cada arte hay improvisación o espontaneidad en la creación, pero aquí está todo tan sujeto a la norma que, aún habiendo espacio para la adaptación, no hay improvisación. Ni arte.
Al igual que dos bailarines que conocen su rutina han de hacer pequeños cambios, como en dónde ponen los pies o los gestos de los brazos según el vestido de ella vuele o para evitar a otra pareja, así mismo realizamos constantes cambios en nuestro plan de vuelo a lo largo de la ejecución del mismo: evitar una pequeña nube, cambiar la velocidad por las turbulencias, cambiar de pista de aterrizaje, corregir un viento cruzado en aproximación, etc. Es otra forma de bailar.

Molly es una perrita que va en la bodega trasera y durante el embarque sus dueñas me hicieron saber su preocupación por el bienestar de su mascota, ya que es el primer vuelo largo que hacen con ella. Mientras hacía la inspección exterior me acerqué a la bodega y le saqué una foto que compartí con ellas y ahora todas tres van bien cuidadas y a una temperatura más agradable que los 35 grados que habían antes en tierra.
Momentos especiales hay muchos en aviación, pero no los llamaría artísticos, aunque sí que son emocionantes y mágicos para mí. Uno de ellos es ese segundo previo al despegue: hoy, mientras esperábamos la autorización de la torre para despegar, estábamos ya alineados con el eje de la pista y mi compañero tenía el avión sujeto con los frenos, ya que él es el que despegó. Hay unos breves segundos ahí donde hago un pequeño y breve acto de introspección y observo en silencio que está todo listo y sonrío con la sensación de felicidad inmensa que me da el saber que “vamos a volar.”

Una vez más les deseo un feliz descanso en Puerto Rico, les agradezco que usen estas sus alas y espero volver a verles de nuevo a bordo.
Muchas gracias.


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