Muy buenas tardes, damas y caballeros,
Estamos en estos momentos entrando en el Triángulo de la Bermudas, nos acabamos de cruzar con otro A330 que viene de Inglaterra y va hacia alguna isla del Caribe, mientras nosotros seguimos hacia adelante con el sol en el morro de camino a Miami, manteniendo 39 mil pies sobre un Atlántico en calma.

Todo bien, aparentemente, y pareciera que siempre que les escribo estamos en esa fase del vuelo en la que no hay problemas o circunstancias espinosas, pero no siempre es así.
Precisamente vengo de unos días en que no he volado mucho ya que, entre días de vacaciones y unos cursos en tierra de refresco, en total llevo más de 15 días sin volar. Como pasajero sí que he volado, pero la única actividad realmente intensa estos días atrás han sido las dos sesiones de simulador del curso de reciclaje periódico en el A350.

Fallos de motor, despresurizaciones explosivas, descensos de emergencia, problemas de control manual del avión en altura, fuertes nevadas, despegues frustrados, fallos de equipos de navegación en el océano, aterrizaje con aproximaciones complejas en NY, Guatemala y Costa Rica. Un desvío a Santiago de Compostela y aterrizajes automáticos en Madrid. Estoy seguro de que alguna otra travesura nos puso el instructor pero ahora mismo no la recuerdo. Son sesiones de 4 horas cada una en que todo es muy real y no hay un minuto en que no nos sintamos como si de verdad las cosas estuviesen ocurriendo.
Tan solo hay unos breves instantes de realidad en que hay pequeños paréntesis en la simulación y es cuando superada alguna de esas situaciones que nos pone el “profe” este nos dice, por ejemplo:
-No toquéis nada, os cambio a 410 y llegando al 40 Oeste…
Hoy en nuestra partida, tal y como les he ido contando, tuvimos varios escenarios de este perfil y, tras tantos días sin volar, yo iba un poco con las alertas más sensibles de lo normal. Ya llegando al avión observé que las mangueras del aire acondicionado del aeropuerto estaban desinfladas, así que con 35º la cosa comenzaba calentita.
Tras los chequeos normales, vi que en el avión, a pesar de haber puestos nuestros aires acondicionados, la temperatura no bajaba de 29º cuando ustedes comenzaron abordar y eso es algo que a mí no me gusta nada. Finalmente entraron todos y completamos la documentación del vuelo, pero una compuerta de bodega aparecía como abierta. Teníamos una hora de salida asignada con algo de retraso sobre la programada por las obras del aeropuerto y porque había configuración sur en Barajas, así que nuestra prisa era por no perder esa hora de salida, ya que la experiencia nos ha enseñado que perderla significa ampliarla.
Efectivamente la perdimos porque tuvimos que esperar a que los compañeros de mantenimiento vinieran a limpiar el sensor que estaba dando la falsa señal. Control nos retrasó 35 minutos más la salida y el avión seguía bastante caliente en su zona. Coordinar todas las comunicaciones con la empresa, los controladores, el personal de tierra y con ustedes requiere mucha concentración en esos largos minutos.
Finalmente conseguimos que nos redujeran la demora y fuimos autorizados a la puesta en marcha y, ya de camino a la pista mientras hacíamos los chequeos prevuelo, nos aparece un aviso de fallo de una válvula de sangrado de aire de los motores. Esto para un vuelo oceánico cambia un poco el cómo lo afrontamos, así que hicimos el procedimiento marcado, pero la radio seguía hablando, el avión lo seguía llevando hacia la pista, el fluir de todo iba normal pero con el añadido de esta falla. Estrés y mis alarmas recordándome que las prisas no son buenas.
Tras unas comprobaciones conseguimos recuperar la válvula y llegar a la pista con todo listo y sin aumentar más la demora que ya llevábamos, y despegamos.
15 días sin volar, y en ese segundo previo a comenzar la carrera de despegue una sonrisa me iluminó la cara: “vamos a volar.”

Ya sobre Ávila y superados los 10 mil pies sobre el terreno, los tres comentamos que en algún momento de todo este lío tuvimos la corazonada de que el instructor iba a decir aquello de: “No toquéis nada”.
Irónicamente, tras casi 7 horas de vuelo aquí seguimos y nada más ha sucedido y todo el avión está funcionando perfectamente. Como habíamos cargado un poco más de combustible hemos solicitado volar a una velocidad de crucero más alta y, a pesar de todo lo ocurrido en Madrid, vamos a llegar a Miami 15 minutos antes de la hora programada de llegada, y eso está siempre muy bien.

Mañana es 4 de julio, un día de celebración familiar en EEUU, imagino que muchos de ustedes van a celebrar con sus seres queridos tan marcada fecha, al igual que también van muchos a disfrutar de los parques Disney en Orlando, cruceros por el Caribe o de Florida en general. Sea como fuere, una vez más reitero nuestro más sincero agradecimiento por usar estas sus alas, y espero volver a verles de nuevo a bordo en su próximo viaje.



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