Muy buenas noches, damas y caballeros,
Bienvenidos a bordo de nuevo a este flamante A350 que, con pocos meses de uso, nos está llevando de camino a Madrid.
En unas horas amanecerá sobre el Atlántico y el uso de gafas de sol será muy necesario mientras ustedes aún duermen a bordo ya que la hora del despegue ha sido tardía en Bogotá. Mientras que para ustedes este es un vuelo nocturno, nosotros lo vivimos como una noche perdida de sueño, ya que nuestra actividad comenzó a las 03:30 hora española cuando nos llamaron por teléfono en el hotel y desde entonces hasta ahora (las 11:30 españolas) nuestros cuerpos han aguantado con “elegancia” este trasnochar y madrugar.

Hoy la documentación nos decía que tendríamos un vuelo muy placentero, y así lo está siendo, ya que tan solo hemos tenido algo de ligera turbulencia entre el despegue y en el momento que abandonamos Maracaibo, a partir de ahí absolutamente nada. Un lujo del que no siempre podemos disfrutar como hoy. Está siendo un vuelo muy tranquilo y cómodo.
Ayer en el vuelo de ida la meteorología era prácticamente la misma así que también fue muy tranquilo todo hasta que llegamos a los Andes en donde encontramos también alguna tormenta que tuvimos que sortear y nos movió un poquito a la llegada, poca cosa realmente.

Ambos aviones funcionaron perfectamente, no tuvimos fallas ni problemas de horarios, todo salió a salir de boca, al igual que hoy. Tan solo tuvimos que demostrar nuestra capacidades resolutivas con un episodio desagradable.
Desde el punto vista legal, en el momento en el que el avión cierra las puertas y esté donde esté, lo que ocurre dentro se considera territorio español con lo que rige la legislación española. Y al igual que en nuestras vidas cotidianas tenemos derechos, pero también tenemos obligaciones, entre las cuales se encuentra la obligación de cumplir una serie de reglas cuyo desconocimiento no exime su cumplimiento.
Cuando, a bordo, los pasajeros (y me incluyo yo porque yo también vuelo a veces donde están hoy ustedes sentados) recibimos la orden de hacer esto o lo otro por parte de un miembro de la tripulación, estamos obligados por la ley española a cumplir dicho precepto.
La normalidad de la educación y las buenas maneras hace que casi nunca los tripulantes nos veamos en la necesidad de “imponer” nada, pero a veces nos encontramos con individuos que, por razones que se me escapan (consumo de alcohol, medicaciones, estados mentales, etc.), deciden enfrentarse al sistema y ponernos en la desagradable situación de tener que lidiar con una situación incómoda.
Ayer al llegar a Bogotá recordarán cómo al acercarnos al puesto de estacionamiento no quitamos la luz de cinturones hasta que un grupo de policías entraron al avión y desalojaron a un pasajero. Este durante el vuelo se negó a cumplir con una de esas normas que rigen a bordo y se permitió el lujo de amenazar al compañero que en reiteradas ocasiones le pidió que reconsiderase su actitud.
A nosotros tan solo nos restrasó un poco la maniobra del desembarque en la terminal, ustedes tuvieron que esperar y ser testigos de un bochornoso espectáculo y el pasajero conflictivo en cuestión pasó a manos de las autoridades civiles de Colombia.
Esta es otra faceta de la responsabilidad y supervisión de la operación que recae en mí como comandante del vuelo, y es una faceta que no es agradable. Es satisfactorio ver que las cosas se hacen bien, ustedes disfrutan de un buen vuelo y que nosotros cumplimos con la parte de nuestro compromiso con el contrato del vuelo, pero estas actitudes dejan un mal sabor de boca cuando nos bajamos del avión.

Afortunadamente no ocurre a menudo y, al igual que hoy, todo va muy bien y llegamos a nuestro destino programado, antes de hora, ahorrando algunos kilos de combustible y sabiendo que hemos participado en que las historias de sus vidas se trasladen entre uno y otro continente acabando con una sonrisa en sus caras al cruzar la puerta de llegadas del aeropuerto.
41500 pies sobre un nublado océano, silencio en las radios y en Madrid nos esperan 31º grados y viento del sur. Hoy el aterrizaje lo haré yo y prometo hacer todo lo posible para que se lleven un buen recuerdo de este vuelo entre El Dorado y Madrid.
Muchas gracias y hasta nuestro próximo vuelo juntos.


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