Muy buenas tardes, damas y caballeros,
Sean ustedes bienvenidos a este maravilloso espectáculo de luces que es este eterno anochecer en mitad del mar Caribe.

Llevamos ya unas 7 horas y poco de vuelo y tras superar las turbulencias sobre la península ibérica, al salir sobre el océano ya dejamos atrás el fuerte chorro de aire que nos afectó un poquito. Tanto es fue que, una vez superado, pudieron los compañeros iniciar el servicio a bordo y yo pude apagar la luz de cinturones. Fue tan solo durante la primera hora y media del vuelo pero, como les advertí, nos movimos más de lo esperado aunque no tanto como en alguna otra ocasión.

Durante un buen rato estuvimos compartiendo ruta con un compañero a nuestra izquierda y un poco más bajo que se dirigía hacia Santo Domingo. Tomamos algunas fotos y videos porque, aunque ya tenemos muchas horas de vuelo, siempre es una visión muy grata y bonita ver estos pájaros metálicos volando tan cerca y en un entorno tan alejado al nuestro allá abajo en la tierra.

Hace tan solo unas semanas estuve en el aeroclub de Ushuaia, un precioso aeródromo muy alejado de casi todo y en un entorno maravilloso para la aviación general. Al llegar me trataron muy bien y, a pesar de que no volé sí que pude estar cerca de los aviones que allí tienen. Acercarme, tocarlos, entrar en ellos y olerlos. Sí, los aviones tienen un olor particular por dentro, es una mezcla entre humedad, grasa, aceite y gasolina. Aunque posiblemente también hay algo del sudor de tantos estudiantes que en las primeras horas de vuelo se esfuerzan por hacerlo todo lo mejor que pueden ante sus instructores.

Al poco de llegar de la Patagonia me ha llegado ese día en que cada año cumplimos años y, desde aquí en la cabina de este A350 y a nivel de vuelo 400 estoy recordando aquellas mis primeras horas en las Cessnas de mi escuela de vuelo, los nervios ante los exámenes, las barrenas, los viajes nocturnos, las travesías sobre el agua que me parecían cruzarme un océano, los cientos de despegues y aterrizajes depurando la técnica y las manos, aprendiendo a volar, a vivir, creciendo como hombre y como padre.
Antes de descubrir la pasión que siento por la aviación y mientras estaba en la más desorbitada de las pubertades posibles, mi interés profesional estuvo durante un tiempo enfocado a la topografía. No sé muy bien cómo pero estuve valorando esa posibilidad y en un momento dado tuve que elegir, me llegó esa etapa vital de la elección de qué es lo que quería hacer con mi vida: algo fácil y con una salida profesional (en aquellos años) rápida y que ofrecía una calidad de vida y estabilidad económica, o el camino más duro de aprender a volar con la gran incertidumbre de un futuro lejano e inestable.
Recuerdo bajarme de aquella Socata Rallye en Ocaña con una gran sonrisa en la boca. Aquella noche elegí. Elegí hacer todo lo posible por volar y disfrutar de aquello que había vivido. Poco más adelante la meta que me puse fue la de ser piloto de la aerolínea en la que volamos. Tan solo quería ser piloto, llegar a comandante ha ido fuerza del inexpugnable empuje del tiempo y la antigüedad solamente.

No ha sido un camino fácil, el precio es muy alto, también económicamente, pero gracias a los padres que tengo que tanto me han apoyado siempre salí adelante. La conciliación familiar es una asignatura pendiente que en esta labor cuesta mucho sobrellevar, especialmente para aquellos que se quedan detrás mientras yo me voy al otro lado del planeta. La salud también se ve afectada porque tantas horas aquí arriba, los cambios constantes en los biorritmos, las noches en vela, los choques hormonales en cada despegue y aterrizaje… las canas lo dicen todo.

Existe otro factor que pesa sobre esta vida, y es que es muy breve. A pesar de lo apasionante e intenso que es todo, el tiempo pasa (literalmente) volando y muy rápido. Vamos a unos 1100 kms hora, desviándonos ante los obstáculos que son estos cúmulos del Caribe, restos del huracán Melissa, buscando la mayor comodidad de todos, buscando llegar bien y en hora. La hora llegará al cumplir 65 años, ahí hay que parar los motores y se acabó, hay que dejar paso a las nuevas generaciones y aprovechar la salud que nos quede para descubrir nuevos mundos, nuevas aficiones, nuevos retos.
Si este avión pudiera hablar, estoy convencido que en algún momento me preguntaría si yo volvería a elegirlo a él y mi respuesta siempre será la misma:

Si, volvería a elegirte a ti una y otra vez sin dudarlo.
Muchas gracias por seguir eligiendo estas, sus alas. Espero poder volver a verlos en nuestro próximo vuelo juntos.


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