La aviación vista por un aviador

UN INFORTUNIO

Muy buenos días, damas y caballeros,

Hoy antes de nada quiero pedirles una vez más mil disculpas y darles las gracias por su inmensa paciencia, gran resiliencia y comprensión.

Remontándonos a hace muchas horas, llegábamos todos a la terminal del aeropuerto de México, una terminal que está en obras. Como la mayoría de los aeropuertos del mundo, el de México siempre está en evolución y mejora adaptándose a los nuevos servicios requeridos por los clientes, las nuevas modalidades y ofertas de ocio en las terminales y sobre todo a las tareas de mantenimiento del edificio. Pero pasa, también, que ademas ahora el Benito Juárez se encuentra en una fase muy potente de preparación para que la ciudad sea la sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Una tarea para la que el aeropuerto ni para ni cierra y continúa su operativa con nosotros dentro. 

Lo cierto es que llovía intensamente y estábamos aparcados en remoto. Tras realizar los chequeos normales ordené que comenzaran el embarque de los pasajeros y ustedes llegaron en hora como para cumplir nuestro compromiso con la puntualidad. Y 15 minutos antes del cierre de las puertas recibimos en cabina la noticia de que tienen que hacer una inspección a la parte de arriba del avión porque les había caído un rayo en un vuelo anterior. 

El avión es bastante alto y el techo está a 6 metros de suelo, para llegar allí necesitaban una plataforma o escalera grande. Es en ese momento (15 minutos antes de la salida) cuando me dicen que no tienen escalera y que la plataforma suya está rota. Que lo han intentado con un camión de los que abastecen al avión con el catering, pero que no era suficientemente alto. Llamamos a los ingenieros de Madrid por teléfono para ver si podríamos volvernos sin hacer la inspección, como excepción a la norma, dado que era solo una inspección visual. Para hacer esta llamada de teléfono el operario tuvo que ir a buscar un teléfono y tardó unos 20 minutos en ir y volver (obsérvese la ironía en el detalle, ya que ya estábamos pasados de la hora de despegue).

Nos dicen desde ingeniería que es imposible y que busquemos una escalera sea donde sea. El plan B que tenían era pedírsela a otra aerolínea con base en Mexico y, tras una hora y pico de retraso, es cuando deciden ponerse a buscar una escalera para solucionar el problema. Mi nivel de frustración y estrés iba en aumento.

Apareció por fin una plataforma, pero estaba a unas dos horas de nuestra posición de aparcamiento. Sí, dos horas tardó en llegar desde la otra esquina del aeropuerto a nuestro avión. Una vez llegó, tardaron 10 minutos en usarla y darnos el ok para salir.

Les he hablado por los altavoces y cara a cara en las diferentes cabinas del avión porque el tiempo de espera ha sido mucho. Barajamos la posibilidad de desembarcarlos del avión, pero consideramos que sería peor y, como el avión no estaba completo, podrían pasear y estirar las piernas. Aunque tantas horas han sido demasiadas, lo sé.

Hablé con el sobrecargo y le propuse dar el servicio de cena en tierra, ya que para ustedes era tarde y de esa manera hacíamos que el tiempo pasase más gratamente. Mientras ustedes cenaban, yo me salí del avión y me di un paseo por la plataforma alrededor. Había dejado de llover y hacía una temperatura muy agradable para, disfrutando de las vistas de los aviones que había alrededor, calmar los ánimos en mi cabeza. 

La incompetencia y la falta de proactividad de algunas personas me entristece mucho, y siento infinito que esta noche ustedes hayan tenido que padecer este infortunio tan grande. 

La operación de la aviación es como un baile sincronizado y, cuando un bailarín falla o cojea, el espectáculo se ve afeado. Tanto es así que el retraso facilitó algo que temíamos desde antes del vuelo. Los meteorólogos nos avisaban que a partir de cierta hora cambiarían las pistas en uso, con lo cual teníamos que despegar antes de ese cambio para poder llevarnos toda la carga de fruta fresca que teníamos a pie de avión. 

Mientras ustedes cenaban tuvimos que bajar toda carga porque cambió el viento y, a mayores, el aeropuerto cerraba la pista larga por horario nocturno. Cerramos las puertas y al llamar a la torre de control no nos autorizaban porque nuestro plan de vuelo no existía. Básicamente había caducado hacía 5 horas atrás. Mientras solicitábamos uno nuevo y este llegaba, arrancamos los motores y nos fuimos hacia la cabecera de la pista donde estuvimos unos 5 minutos más esperando a la activación. 

A partir de aquí todo bien ya que las zonas de turbulencias que teníamos pronosticadas se habían desplazado y fuimos todo el camino hasta Madrid sin problema alguno. A pesar de que ustedes cenaron en tierra el vuelo iba a ser largo, así que habíamos solicitado que nos embarcaran sándwiches y alguna cosa más para aquellos de ustedes que, durante la noche, tuviesen algo de hambre antes del desayuno.

Llegamos a Madrid y, cómo no, había mucho tráfico con lo cual toda la prisa que llevábamos por el retraso y las conexiones de algunos de ustedes, tuvimos que ponerlas a un lado para reducir la velocidad y dar unas vueltas en Ávila antes de aterrizar en un Madrid tormentoso y empapado.

La famosa Ley de Murphy nos ha estado rondando desde ayer en que nos subimos en la furgoneta a pie del hotel. Han pasado 20 horas desde entonces y estoy aún en el aeropuerto despidiéndome de mis compañeros y de ustedes. El café, la adrenalina y las hormonas me han mantenido en alerta todo este tiempo y presiento que dentro de poco mi cuerpo me va a dar una señal de que se acabó y necesita apagarse para hacer “reset”.

Teníamos que haber despegado a las 3:30 de la madrugada española, pero el desastre nos llevó a cerrar puertas a escasos minutos del margen sobre el límite legal de actividad para los pilotos. Como de todo se aprende en la vida, este ha sido un vuelo interesante del que yo me quedo con el buen hacer de la tripulación que me acompañaba y con la buena actitud de todos ustedes.

Una vez más, muchas gracias por ayudarnos a poder cumplir con nuestra labor para con ustedes y por sus sonrisas al despedirnos en Madrid.

Espero volver a verles de nuevo a bordo, a pesar de todo.

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2 respuestas a «UN INFORTUNIO»

  1. Buenos días comandante

    Son cosas que pueden pasar pero seguro que ha sido algo muy puntual. El comportamiento del pasaje me parece espectacular. Paciencia y saber estar todo un ejemplo. En Pekín teníamos que coger un avión para Madrid. Cuando llegó nos dijeron que el vuelo quedaba anulado, el piloto venía enfermo y no podía volar. Nos trasladaron a un hotel y de madrugada nos vinieron a buscar al hotel y embarcamos sin problema. La compañía era la SAS

    Bueno cosas que pasan y hay que afrontar con la mejor de las sonrisas

    Saludos

    Helena

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