Muy buenas noches, damas y caballeros,
Son las 5 y diez de la mañana en España y ya llevamos una hora y pico desde el despegue desde El Salvador hacia Madrid.

Esta aventura comenzó, al menos para mí, hace unos días cuando estaba en casa tranquilamente disfrutando del café de la mañana y me llamaron desde el aeropuerto para decirme que el vuelo a Guatemala estaba sin comandante. Yo me encontraba en situación de guardia, así que comenzó la carrera para llegar al vuelo en hora.
El avión estaba aparcado en una posición remota en Madrid, esto quiere decir que no estaba estacionado en una de las pasarelas, sino que los pasajeros habían de abordar por escaleras y autobuses. Esto tiene la ventaja de que se agiliza el embarque pero dependeremos siempre de la agilidad de los conductores de los buses que los traen desde la terminal al avión.

Finalmente cerramos las puertas en hora, pero al solicitar permiso de retroceso no nos lo conceden porque estábamos rodeados de una zona de obras (todos los aeropuertos del mundo están de obras en algún sitio siempre) y el control de la plataforma nos retrasó la salida hasta que el área estuvo limpia de camiones.
Mientras tanto escuchamos una conversación entre el coche “Papa” (un señalero) y un piloto en la que debatían cual era la mejor opción para salir de una situación curiosa. Parece ser que había habido un accidente entre dos vehículos y el avión no podía pasar por allí porque habían muchos restos de cristales en el suelo, el señalero invitaba al piloto a salir marcha atrás en vez de esperar a que vinieran a limpiar los restos de cristales.

Cuando finalmente comenzamos nuestro retroceso y estábamos poniendo en marcha un motor, el piloto de refuerzo nos avisó de que miráramos como una liebre corría frente a nosotros a toda velocidad por la calle de rodadura, pero lo curioso es que sobre ella, y nosotros, había una rapaz vigilándola y persiguiéndola. Nunca supimos como acabó la cosa.
Todas estas emociones nos entretuvieron hasta despegar con 18 minutos de retraso, pero dados los vientos en el océano recortaríamos mucho en ruta y llegamos a La Aurora con 40 minutos de adelanto. El resto del vuelo fue muy tranquilo y la llegada a la ciudad de los volcanes un poco decepcionante porque habían muchas nubes y no pudimos ver nada del espectáculo orográfico que siempre ofrece Guatemala. Aterrizamos por la pista 20 y todo normal.

Nuestro siguiente vuelo ha sido el vuelo más breve e intenso que tenemos en la flota de largo recorrido ya que son solo 20 minutos: Guatemala – San Salvador. Es tan trepidante para nosotros que despegamos con la aproximación a destino ya preparada, las cartas de navegación, los cálculos de aterrizaje y hasta el parking listo. Desde los 5 mil pies de La Aurora ascendemos hasta los 15 mil pies de crucero, estamos unos 3 minutos allí y comenzamos el descenso hasta el nivel del mar que es donde está El Salvador.

Parece más una caída que un vuelo, sorteando algunas tormentas y los volcanes de la zona, todo verde pasamos de los 20 grados de la montaña a los 35 súper húmedos de la costa. Una vez allí hay una escala breve con cambio de tripulación y a las 2 de la mañana nuestras despegamos a Madrid. Y ahora aquí estamos.
Salimos del continente por San Pedro de Sula, cruzamos el Caribe hacia Cuba, la que atravesamos por Ciego de Ávila de camino a Nassau en Bahamas. Y allí comenzamos el cruce del Atlántico. Hace ya rato que se hizo de noche y no vemos nada porque ni la luna asoma hoy. En las inmediaciones de Bermuda (sí, hoy vamos por todo el famoso Triángulo) pasaremos a control radar y VHF para, al otro lado, contactar con Azores. Más agua y Oporto, Zamora, Toledo. Finalmente Madrid.

Hemos recibido por parte de control y de la compañía un mensaje repetido que dice los mismo: hay un aviso de meteorología adversa que nos afectará en nuestra ruta. El mensaje se llama SIGMET y nos dice que entre unas coordenadas determinadas y con topes a 43000 pies cruzaremos un área de tormentas observadas a las 0115. Nos tocará sortearlas para que ustedes ni se enteren. Aunque es posible que vean el espectáculo de luces que dejan ver los rayos dentro de esas tormentas.

Llegaremos a Madrid en hora, con 33 grados de temperatura y ”Sol y Moscas” (expresión aeronáutica que quiere decir que tendremos un día despejado sin viento). En el bolsillo de la camisa llevo aun 25 quetzales que es un billete muy bonito de Guatemala que acabará en esa cartera de billetes del mundo que todos tenemos en esta profesión para el próximo viaje.
Mientras ustedes están aún con la cena y viendo alguna película, aquí delante estamos ya con el segundo café de la noche y preparándonos para el cruce de nuestro respetado amigo el océano.

Disfruten del viaje y mañana, llegando a Madrid, una vez más les hablaré de nuevo para darles el último informe meteorológico de Madrid así como cualquier cambio en la hora de llegada.
Una vez más muchas gracias por usar estas, sus alas, y hasta el próximo vuelo.


Deja un comentario