Muy buenas tardes, damas y caballeros,
Hoy me gustaría hablarles de un fenómeno que rara vez vemos aquí arriba pero que anoche en nuestro vuelo de ida hacia Lima tuvimos la oportunidad de disfrutar.
Ahora mismo sobrevolamos el Atlántico en calma y, en la oscuridad de la noche, hemos visto pasar algunas ciudades de mayor o menor tamaño siendo Paramaribo la mayor de ellas desde que dejamos los Andes detrás. Cruzando la Amazonía había pocas luces allá abajo, mientras que por aquí arriba sí que estuvimos disfrutando de un gran espectáculo de luces que, desde dentro de las grandes nubes, iluminaban la noche con los destellos de los rayos. La potencia que la atmósfera nos demuestra con estos fenómenos es algo imponderable e impresionante.

Hace una media hora dejamos la costa de Surinam atrás y ya no hemos visto muchas más luces salvo algún barco o las de algún colega en otro avión con quien nos hemos cruzado. Las noches son bastante oscuras normalmente y tan solo, a veces, coincide una noche despejada y con Luna cercana y grande, en las que gracias a esa luz podemos ver el contorno de las nubes para ayudarnos a evitarlas. En las noches como las de hoy usamos nuestros entrenados ojos y el radar meteorológico de a bordo.

Al anochecer, una de las primeras luces que solemos ver en el firmamento es el reflejo de Venus, ya que es muy potente y grande siendo visible casi desde cualquier lugar del planeta a esas primeras horas del ocaso.
También, a veces, tenemos la suerte de ver estrellas fugaces. Estas son meteoritos o basura espacial en su fase de reentrada a la atmósfera ardiendo en la caída. Más usual últimamente, es el ver una línea de luces separadas por poca distancia y, que en línea recta, avanza a gran velocidad por el oscuro cielo.
Estas son fruto del brillo que sobre la superficie de unos satélites refleja la luz del Sol. Mientras nosotros estamos en el lado oscuro de la Tierra, la luz del Sol pasa sobre la Tierra y choca con los satélites que la empresa Space X lanza con regularidad al espacio en un orbita bastante baja. Antes de colocarse en su punto geoestacionario, estos satélites orbitan un tiempo juntos y en fila india.

Pero anoche lo que no nos esperábamos era ver a la ISS o Estación Internacional Espacial en su órbita sobre nosotros. Coincidir con ella y verla no es tan sencillo, ya que orbita mucho más alto y a una velocidad muy superior y coincidir en el punto exacto donde el reflejo de la luz en sus paneles solares nos ilumine es bastante raro.

Mientras nosotros, y todos los que ahora mismo estamos en el aire, nos movemos en un margen cercano a los 800-1000 kilómetros hora, allá arriba hay un pequeño grupo de personas que están dando varias vueltas alrededor del planeta cada 24 horas.
A fin de cuentas nosotros vamos a unos casi 500 nudos, mientras que bajo nuestras alas hay miles de personas que, enfrentándose al mismo oscuro océano, van a unos meros 20-25 nudos. En grandes embarcaciones con miles de pasajeros que, entretenidos con musica, cine, teatro y grandes dosis de alimento cruzan los mares lentamente. Igualmente hay embarcaciones que con tripulaciones pequeñas también surcan los océanos, pero transportando miles de toneladas de carga de todo tipo.

Tanto ellos como nosotros tenemos las mismas metas y fines y en todos los equipos humanos hay nombrado un líder, un capitán o un comandante de la nave. ¿Que sería de nosotros sin el inestimable bien hacer de nuestras tripulaciones?
Al igual que un capitán de barco no puede estar al tanto de si lleva la cantidad correcta de cajas de champán a bordo por ejemplo, un comandante de avión no puede conocer todos los detalles del bienestar de cada uno de sus pasajeros. Para asegurar el completo y correcto funcionamiento del engranaje que supone una máquina de estas características, los líderes de estas tripulaciones nos ayudamos de una cadena de mando por la cual todos somos responsables de nuestros actos y de reportar lo que no podamos solventar a nuestro inmediato superior.
La clave no está en la responsabilidad, sino en la autoridad. Esta está en el capitán o comandante de la nave ya que, como en el caso nuestro, este avión es un pedazo de España allá donde esté y lo que ocurre aquí dentro se rige por la legislación española.

La autoridad se puede ganar o imponer. Hay muestras claras que la imposición no es buena y, de hecho, es peligrosa habiendo sido fundamental entre las causas de algunos accidentes. En cambio, ganarse la autoridad y ese respeto es algo con lo que se nace. También se aprende tras muchos años viendo cómo lo hacen otros y con cursos de formación específicos.

Hoy hemos pasado de hablar sobre unas luces extrañas en el espacio, que para mí nunca han sido ovnis, a terminar hablando de algo que es fundamental en el día a día de todos como es el trabajo en equipo.
Mientras ustedes ya están acabando de ver la primera película, yo voy a levantarme al baño y pedir al compañero que está aquí detrás si nos puede preparar unos cafés a los pilotos. Una vez más, muchas gracias por usar nuestras alas y por permitirnos el disfrutar de volar con todos ustedes.


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