Muy buenos días, damas y caballeros,
Estamos en la hora mágica de cada día: comienza a amanecer.

39 mil pies sobre el Atlántico con rumbo 090 y ya cerca del archipiélago de las Azores, el cielo está lleno de un ocre que viene de más allá del horizonte lejano. Ya se ven las pocas nubes que hay, todas por debajo de nuestra trayectoria y el viento, aunque fuerte, no nos causa turbulencia alguna, tan solo nos empuja.
Poco a poco en el horizonte aparece un pequeño borde de la circunferencia del Sol, y en aproximadamente un par de minutos, ya estará fuera del todo. Las gafas de sol se vuelven necesarias al igual que bajar las cortinillas de cabina para proteger nuestros ojos.

Cada mañana se da este espectáculo y, en el silencio de la cabina, siempre lo disfrutamos sin intercambiar palabra alguna. Inconscientemente hacemos una pausa en la conversación y vivimos ese momento.
Hoy venimos del otro lado de América, desde la costa del Pacífico y, tanto en el vuelo de ida como en este, hemos tenido una breve conversación que no tiene nada que ver con el vuelo con los controladores de Venezuela, ya que están pasándolo muy mal en esa zona del país tras el terremoto sufrido.
Salvando las inmensas distancias, a nosotros nos toca de cerca, dado que el sismo ha sido más potente e impactante en la zona de la Guaira, que es donde está el aeropuerto y nuestro hotel. Ver las imágenes de donde nuestros compañeros estaban en aquellos instantes del terremoto y conocer la zona, la construcción de las viviendas que había por allí, las carreteras, la vida tan bulliciosa de esa zona, resulta desolador. La gran cantidad de población, los negocios, los colegios, todo aquello devastado. Yo he estado allí y podría haber sido yo quien estaba aquel día en el hotel.

Afortunadamente los compañeros que sufrieron esos momentos están todos bien y ya en trámites para regresara a España, no a través del aeropuerto de Maiquetía, que ha quedado inutilizado para aviones grandes, sino través de otros aeropuertos y conexiones. Ellos regresan pero los venezolanos sufren y mucho. Ya tenían mucho encima y ahora esto.
El espacio aéreo venezolano quedó cerrado por completo en las primeras horas tras el sismo dado que infraestructuras de comunicaciones quedaron afectadas, y nuestro vuelo iba a ser enviado a través del área de San Juan y Curaçao para entrar en el continente por Barranquilla. Más combustible y un desvío que nos añadía casi 30 minutos más de vuelo.
La mañana de nuestro vuelo recibimos información de que el espacio aéreo se abría, así que planificamos la ruta normal aunque añadimos más combustible por si lo cerraban de nuevo antes de llegar allí. Íbamos a ser el primer vuelo de nuestra red que pasase por Venezuela tras el desastre.
El vuelo fue normal y al pasar desde el control de Piarco al de Maiquetía estuvimos con un poco de ansiedad hasta que les oímos contestándonos. Cruzamos Venezuela sin problema alguno.
Tanto ayer como hoy les hemos trasladado nuestros mejores deseos y fuerzas para que superen este trance lo antes posible. Son bastantes países lo que han mandado ayuda humanitaria y desde España han ido ya dos A330, uno del Ejército del Aire y otro nuestro. Se siente bien ver los colores de nuestra bandera y nuestra empresa en situaciones como esta, aunque preferiría no tener que verlos.

Estamos ya llegando al punto donde cruzamos el meridiano 20 Oeste, un poco más y ya entramos en control de Lisboa. Después ya es descender y posar el pájaro en Madrid. Hoy la maniobra le toca a mi compañero y para ambos es un vuelo especial ya que viene a bordo un inspector de la autoridad aeronáutica española el cual, una vez al año, nos inspecciona a los pilotos de todas las aerolíneas en la operación.
La idea es que, sin interferir en la operación, él vea como operamos como pareja de pilotos, como tripulación, en un vuelo rutinario. Valora muchos parámetros y está constantemente tomando nota de todo.
Dentro de un par de semanas yo tengo programado un curso de reciclaje en el simulador. Otra sesión donde igualmente se valora mi pericia y conocimientos. En aviación estamos siempre bajo el escrutinio y vigilancia de la industria para mantener lo más alto posible los márgenes de seguridad.

Y ahora me despido de ustedes mientras desayunan para comenzar a preparar la aproximación en Barajas, donde nos espera una mañana muy agradable con poco viento del norte, pocas nubes y una agradable temperatura de 24 grados, ya que ha llovido esta madrugada.
Una vez más quiero agradecerles que usen estas sus alas y que nos permitan disfrutar del vuelo junto a ustedes en sus viajes.
Hasta el próximo vuelo.


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