Muy buenas noches, damas y caballeros,
11 kilómetros sobre Haití y allá abajo se ven las pocas luces que hay en esa mitad de la isla, el aeropuerto tan solo se intuye. Port-au-Prince a nuestra izquierda y allá adelante tenemos la República Dominicana. Qué oscura es la noche a veces. Hoy no hay mucha luna y, afortunadamente, la ruta nos lleva por una atmósfera muy limpia y no hemos tenido que desviarnos nada para evitar nubes.

Ayer, hace escasamente menos de 48 horas estaba yo en mi casa en “alerta” y de guardia programada por si ocurría algo y me necesitaban para volar. Efectivamente, a media mañana me llamaron porque el vuelo a Panamá no tenía comandante y me necesitaban para realizarlo. Es verano y es normal este tipo de incidentes.

Al llegar al aeropuerto todo iba normal hasta que llegamos al avión. Este acababa de llegar de un vuelo anterior desde América y al entrar en la cabina coincidimos con la TMA (Técnico de Mantenimiento) que estaba atendiendo al avión. Nos dijo que tenía una avería seria y que si no la podía solventar en breve, aquel avión no podría volar.
Así que paciencia y ya me puse en modo calma y sin estrés porque sé que esos días las prisas no llevan a nada bueno. Nosotros comenzamos con nuestras preparaciones previas al vuelo por si a caso, pero antes de dar el visto bueno para el embarque regresó la TMA y nos dijo que el avión era NO-GO. Paramos todo y llamamos a las oficinas centrales para ver qué solución nos daban: otro avión, cancelación o bien esperar en las oficinas del aeropuerto.

Mientras esperábamos la respuesta aprovechamos para almorzar en el mismo avión, ya que las comidas estaban a bordo, el aire acondicionado estaba funcionando muy bien y las butacas de Business estaban vacías. Eran las 5 de la tarde y no habíamos comido. Una vez terminamos, recogimos todo y apagamos el avión. Este es un proceso que no solemos hacer mucho con lo cual íbamos con cuidado, no es quitar la llave y tirar del freno.

“Esperamos por otro avión”, una frase como el que espera por el bus o que venga un amigo a buscarte para salir a dar un paseo en bicicleta. A veces no nos damos cuenta de con qué estamos tratando: 224 toneladas de metal, asientos y combustible, y los tratamos como si fueran piezas de un juego. Nuestra normalidad.
Ahora mismo estamos sobrevolando a otro avión que va en sentido opuesto al nuestro pero mil pies por debajo, lo veo en el TCAS y nos damos las luces. También , hace un ratito el controlador de New York nos ha dado la autorización para entrar en su espacio aéreo oceánico con lo cual en breve comenzamos el “cruce”.
Finalmente ayer nos dieron otro avión y conseguimos salir hacia nuestro destino dando mil disculpas a aquellos pasajeros e intentando hacer de su vuelo lo mejor que pudiéramos. Cargamos algo más de combustible para volar más rápido y conseguimos reducir la demora en media hora, pero aún así llegamos muy tarde. Días así son caros en estrés y carga de trabajo porque se unen muchos factores y saber coordinar todo el equipo humano no es una tarea fácil. Como «lider» de la tripulación y responsable de la operación tengo que supervisar muchas cosas, que normalmente ocurren porque así está marcado en el ritmo de un vuelo. Pero el ritmo de ayer no era el de un día normal.
Una vez en el hotel solo unos pocos de la tripulación bajamos a cenar algo y así descargar un poco la tensión del largo día. Hoy en cambio todo va según planificado, e incluso mejor ya que la meteorología es muy buena. No nos hemos movido nada y los pronósticos dicen que seguirá así hasta la llegada a Madrid.

Aterrizaremos un día antes del evento del año: el eclipse. Yo iré a casa de unos familiares que tienen una casa en la montaña con la esperanza de disfrutar de tan peculiar fenómeno.

Sé que unos compañeros van a salir por la zona de sombra con un A321XLR lleno de científicos, astrofísicos y periodistas para documentar desde arriba el eclipse. Un vuelo realmente peculiar del que espero tengan muchas fotos y datos que ayuden a… ¿A qué? Sinceramente no sé para qué, pero imagino que si hacen esta inversión es porque algo de importancia buscan descubrir.

Segundo café de la noche, la calma es total y pareciera que no estamos moviéndonos por el aire a casi 900 km/h. Nos pregunta NYC que a qué hora podremos aceptar ascender a nivel 380 y le hemos contestado que dentro de 35 minutos.

La noche sigue y en breve amanecerá nuestro Sol. Sol que nos obligará a usar las gafas porque esperamos llegar a Madrid pasadas las dos de la tarde, y aún quedan muchas horas de luz que tras la noche hacen mella en nuestras retinas.

Ayer fue un día de emociones y sorpresas constantes desde aquella llamada hasta que conseguimos despegar. Como anécdota añado que justo antes de entrar en pista nos llamó la sobrecargo y para decirnos que había una pasajera de pie y que no se quería sentar. Cancelamos el despegue en la intersección y con los frenos puestos, esperamos noticias de atrás.

A este paso voy a convertirme en un señor muy canoso. Espero que disfruten de este amanecer tan maravilloso por la derecha del avión, al igual que de su tiempo en España. Una vez más, muchas gracias y espero volver a tenerles a bordo en estas sus alas.


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